La mujer y el exceso de alcohol, hoy en mano de profesionales

El alcoholismo en la mujer adulta es un problema por el que cada vez hay más consultas, dejando de lado muchos prejuicios. En esta nota se explica ante qué señales es preciso acudir a un especialista y cómo tratar esta adicción.

Córdoba, Argentina – En los últimos años se puede ver con claridad un fuerte y preocupante incremento en el consumo de alcohol por parte de mujeres jóvenes. En el caso de la mujer adulta -por encima de los 30 años-, en tanto, no hay hasta el momento estudios que demuestren que el alcoholismo haya aumentado, pero sí existe una mayor búsqueda de ayuda por parte de familiares. Lo que antes se ocultaba ahora se está sincerando cada vez más.

¿Cuándo se considera que hay abuso de alcohol? Cuando se consume más de una bebida alcohólica diaria en la mujer, y dos en el hombre. Esto se mide en unidades, por ejemplo una lata de cerveza, o una copa de vino.

“El consumo es quizás el mismo que en los últimos años, pero existe un sinceramiento por parte de la mujer o de su familia, la cual está entendiendo que la mejor forma de encontrar una solución al problema es blanqueando esta situación de alcoholismo y pidiendo ayuda profesional”, dice la doctora Carolina Bergoglio, responsable del Programa de Desintoxicación de Sanatorio Diquecito.

“La instalación del tema es tal vez el resultado de este incremento notorio en el consumo adolescente, lo que nos ha llevado a tener que hablar sobre esta cuestión. Esta mayor consideración del tema ha quebrado una resistencia en la mujer y en su familia, que ha facilitado la búsqueda de ayuda dejando de lado los prejuicios”, señala.

alcoholismo mujer

“Adentrándonos en las causas del alcoholismo en la mujer adulta, generalmente ésta comienza a beber por problemas psicológicos, por sentirse sola, por no sentirse realizada, por sentimientos de inferioridad o por problemas familiares que no puede solucionar. Todos estos motivos la llevan a una situación de crisis y encuentra en el consumo de alcohol un alivio a sus problemas”, explica la doctora. Un dato no menor es que, pese a que la edad promedio de inicio en el consumo de alcohol es de 30 años, las pacientes llegan al consultorio recién a los 50 o 60 años. Casi ninguna lo hace por decisión propia sino que siempre hay alguien por detrás: hijos, hermanas y padres.

¿Qué pasa en el hogar?

Además de que el alcohol afecta el organismo de estas mujeres, comienza darse una transformación en sus hogares y en sus relaciones familiares.

Por un lado, la mujer se pone mucho más irritable, beligerante, reactiva. Esto comienza a generar fuertes problemas familiares que no hacen más que deprimirla aún más y a generar un círculo vicioso desde el cual es muy difícil salir. Aparecen también fuertes síntomas de índole depresiva; esto tiene que ver con que el alcohol es un depresor que afecta orgánicamente. Y uno de los conflictos mayores se da cuando el desinterés por la casa y la familia se hace más evidente, descuidando a los hijos, actividades y responsabilidades habituales.

“Cuando se dan estas situaciones ya evidentes, habitualmente la familia confronta, y es así cuando se niega el problema y surgen fuertes discusiones”, afirma la especialista.

Señales para detectar el problema

El consumo se va haciendo cada vez más a escondidas. Dado a que el consumo se realiza con cierto grado de clandestinidad, de a poco se comienza a tomar con mayor frecuencia, aunque no necesariamente en mayor cantidad. Mientras tanto, se van sumando los problemas familiares, las complicaciones con los hijos, los conflictos matrimoniales.

Hasta este momento puede que el problema de alcoholismo aún no se note. Sin embargo, la situación va empeorando: “Cuando se llega a una situación de vacío, el alcohol muchas veces es insuficiente y se comienza a tomar tranquilizantes (benzodiacepinas). Esto complica aún más la situación porque se potencia el consumo y sus efectos”, advierte la doctora Bergoglio. “Esta introducción se explica en que en la mayoría de los casos la mujer bebe a escondidas para no ser rechazada y su consumo deba ser limitado (aunque igualmente perjudicial). De esta manera, las pastillas pasan a ser un complemento para lograr los efectos deseados”.

Llega un momento en el que la situación ya se hace inocultable. En ese marco, existen tres alertas fundamentales para detectar la posible existencia de un problema con el alcohol. Estas son:

Cambios en el patrón de consumo. Hay familias que comienzan a alarmarse cuando las mujeres comienzan a tomar una o dos copas de vino todas las noches mientras cocinan, cuando antes no lo hacían. También llama la atención cuando la mujer comienza a comprar el vino para la casa o cuando se ven botellas con más frecuencia. Estos cambios de patrón son simplemente alarmas; puede que no ocurra nada o puede que sí.

– Ocultamiento. Otra señal de alerta es cuando se encuentra alcohol oculto en lugares poco habituales, como por ejemplo en el lavarropas, o incluso metido en un termo simulando ser otra bebida.

– Límites trasvasados. Otra señal muy importante es cuando la mujer se alcoholiza en algún evento social o en su propia casa, cuando esto era algo que nunca le había ocurrido. Esta señal no puede pasar desapercibida y debe despertar preocupación.

¿Qué hacer frente al problema?

En la actualidad existen internaciones ‘amigables’ en centros especializados como así también tratamientos ambulatorios, lo que ha simplificado que la gente se anime a ponerse en manos profesionales. También existen nuevos tratamientos que no son estrictamente psiquiátricos, algo que antes asustaba mucho a la mujer y la llevaba a sufrir en silencio.

“Lo más importante es una detección precoz porque la mujer desarrolla una dependencia mucho más rápidamente que el hombre. En nuestros tratamientos planteamos como punto de partida una abstinencia absoluta. Entonces, más allá de que se puedan evaluar cuestiones psicológicas de fondo, el primer paso es eliminar el alcohol”, indica la responsable del Programa Rehabilitacion de Drogas y Alcohol.

“En Sanatorio Diquecito entendemos que la internación mínima debe ser de 15 días. Durante ese tiempo se genera una abstinencia absoluta y se trata a la paciente desde un enfoque interdisciplinario, propiciando que no se generen recaídas a futuro. Estos días serán fundamentales, pero deberá realizarse posteriormente un seguimiento durante al menos un año corrido para evitar recaídas. En nuestros tratamientos con internación damos participación a la familia, con el fin de obtener datos y coordinar la estrategias a llevar adelante . Asimismo, se les dan, luego de la internación, las indicaciones para un seguimiento ambulatorio de la paciente y detectar ciertas señales alarmas”, explica.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *