¿Por qué somos tan vulnerables a las adicciones?

 

Los seres humanos nacemos con aproximadamente 100 millones de neuronas y, durante los primeros doce meses de vida, el cerebro crece y se desarrolla rápidamente. Este proceso de crecimiento acelerado, sin embargo, va seguido de otro denominado “poda”, el cual funciona bajo la premisa de “si no lo usa, lo pierde”. El ciclo se repite una y otra vez a lo largo del tiempo de desarrollo, incluso durante la adolescencia.

Estos procesos orgánicos se encuentran fuertemente influenciados por las experiencias y el entorno en el que está inmersa la persona. De esta manera, si durante su fase de desarrollo el niño/adolescente estudia o realiza deportes, las células, conexiones y áreas cerebrales relacionadas con estas actividades se verán fuertemente reforzadas. En cambio, si el menor pasa demasiadas horas tirado en un sofá o en su cama, o permanece mucho tiempo frente al televisor o video juego, serán las células relacionadas con estas actividades las que sobrevivirán frente a aquellas que no se utilizan.

En ese marco, los avances tecnológicos a nivel médico nos han abierto ventanas del cuerpo humano que antes no teníamos, las cuales permitieron descubrir que la adolescencia es una fase de maduración del cerebro en la que se producen importantes cambios estructurales y funcionales. Estos cambios afectan básicamente a estructuras cerebrales que conforman el Sistema Cerebral de Recompensa, esto es un conjunto de estructuras que determinan cuestiones tales como la atención, la memoria de trabajo, la capacidad de juicio, la planificación de la conducta y modulación emocional, el procesamiento y almacenamiento de las reacciones emocionales, y el control de la coordinación física y motora, entre otras. En la adolescencia el cerebro se moldea para siempre.

 

Problema de adicciones

El peligro del uso de sustancias psicoactivas durante el desarrollo

El consumo de sustancias adictivas se inicia generalmente en la adolescencia:

Alcohol: 13 años
Tabaco: 13 años
Marihuana: 14 años
Cocaina: 14 años

Por lo tanto, si nos remitimos a lo anterior, este período de contacto inicial con el alcohol y/o drogas se da en individuos que aún se encuentran en plena fase de su desarrollo cerebral. Si bien se trata de jóvenes físicamente capacitados para hacer muy bien un sinnúmero de proezas (gracias a un cerebelo casi adulto), el proceso de maduración aún no está completo.

El adolescente, a esta edad, interpreta sus emociones con la amígdala (una de las partes más primitivas de su cerebro), la cual no sabe asimilar ciertas señales sociales. En otras palabras, la parte de su cerebro capaz de juzgar algo como inapropiado y modificarlo, está en plena construcción, y lo seguirá estando por los próximos años.

De adolescente a futuro adulto

El resultado final de esta conjunción de eventos es la potencial aparición de una generación de adultos jóvenes que se caracterizan por presentar:

  • Mayor propensión al riesgo y a conductas impulsivas
  • Mínima consideración de las consecuencias negativas de ciertas acciones
  • Pobre capacidad de planificación y juicio
  • Baja tolerancia a la frustración

A esta situación de mayor vulnerabilidad, se suma la realidad que este nuevo adulto joven debe enfrentar los desafíos, demandas y responsabilidades que esta etapa conlleva, con los éxitos y fracasos asociados a ellos.

En este cuadro de situación, las personas que ya han recurrido previamente a sustancias psicoactivas se ven incentivados a profundizar su consumo como vía de escape con la finalidad de poder sobrellevar las exigencias procurando generar placer y/o evitar el dolor.

La historia posterior es ya conocida por todos, y así los efectos de la adicción suelen consumir vidas completas, llegando a puntos a veces irreversibles.

La Neurociencia

La neurociencia (ciencia que estudia todas las funciones del sistema nervioso, y en especial del cerebro), ha aportado en los últimos años nuevos y novedosos conocimientos en este campo, los cuales han transformado la forma de entender la manera en que las sustancias psicoactivas actúan sobre el cerebro.

Algunas importantes conclusiones alcanzadas son las siguientes:

  • La dependencia a sustancias psicoactivas es un trastorno crónico recidivante, con una base biológica y genética, y que no se debe únicamente a la falta de voluntad o de deseo de abandonar el consumo.
  • Existen intervenciones y tratamientos eficaces, tanto farmacológicos como conductuales, para la dependencia de sustancias.
  • El estigma asociado al consumo y a la dependencia, a menudo logran que los afectados eviten buscar tratamiento e impedir que se pongan en práctica políticas adecuadas de prevención y tratamiento.

La necesidad de tratamiento

Como lo apuntamos anteriormente, la voluntad no es suficiente a la hora de querer poner fin a una adicción. Por el contrario, se requiere de un profundo abordaje profesional que no sólo ayude a la persona a dar el paso hacia un cambio de vida, sino que además complemente el tratamiento con medicación y con un abordaje multidisciplinario acorde para el abandono de la adicción y el sostenimiento de los logros alcanzados.

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